PELÍCULA DE MIEDO: AIE’S FRAUDULENTAS

—Hola Jordi, me gustaría hacerte una pregunta.
—Claro, dime, en qué te puedo ayudar…
—¿Tienes una AIE activa del 2016 o primeros del 17?
—Pues sí…, ¿por qué quieres saberlo?
—Verás, es que tengo una peli hecha, que todavía está sin calificar, y me interesaría tener una AIE…
—¿Por…?
—Es que así consigo acabar de pagar la película porque puedo ofrecer a un inversor la posibilidad de una buena desgravación.
Esta es una muestra que, en esencia, resume las propuestas que por estas fechas recibimos casi a diario por parte de diferentes compañeros del sector, que debido a la falta de instrumentos financieros específicos para el cine, se echan en brazos de diferentes bufetes de abogados que “fuerzan” la ley para estructurar AIE’s cinematográficas una vez la película está ya rodada.
Lo que estos productores ignoran (o no, vete tú a saber) es que estos bufetes han visto en las AIE’s un excelente producto financiero que permite a sus mejores clientes rebajar considerablemente el importe de sus obligaciones tributarias sin que el sector del cine obtenga, a cambio, ningún beneficio.
No explicaremos cuál es la mecánica que utilizan, pero sí tenemos que advertir de los enormes perjuicios que dicha práctica supone para nuestro sector, entre los cuales cabe destacar que la Agencia Tributaria no reconozca a la AIE su condición de “productora”, lo que conlleva que el inversor pierde la posibilidad de disfrutar de los beneficios fiscales que una praxis normal le concede. ¿Consecuencia? La pérdida de confianza del resto de los inversores en otros proyectos y por lo tanto la drástica disminución de la producción.
Sólo hay una manera de invertir con garantías a través de una AIE, y es que el inversor invierta para aumentar el capital invertido, es decir, para ganar dinero. Para eso sirve una AIE, para garantizar al inversor que, tras unos años, su inversión le va a proporcionar un beneficio económico, ya sea fiscal o comercial.
El resto forma parte de una mala película de miedo que no siempre acaba bien, ni para el inversor, ni para el productor.

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